sábado, 18 de octubre de 2014

Stupia hablando de dibujo



En cuanto al método, la disciplina, la técnica, ¿cómo te manejás? Miro un cuadro tuyo y me pregunto ¿por dónde empezaste?


Por cualquier lado. Empezar a dibujar en este tipo de trabajo es como empezar a hablar. Cuando empezás a hablar no lo haces en un lugar, lo hacés desde cualquier lado, el habla construye su lugar. La línea construye su estatuto a partir del momento en que aparece en el plano; el plano va a cambiar de un modo u otro en la medida en que vos ponés una primera línea que va a empezar a crecer, ponés la segunda y esa línea va a seguir hasta el momento en que yo me detengo, interrumpo ese primer tejido, me voy a la otra punta del cuadro, hago otro y así, sucesivamente, voy haciendo una especie de islas que se van a ir interrelacionando paulatinamente. Ese tejido tiene que ser intrínsecamente afín y al mismo tiempo diverso; pero no es la diversidad por la diversidad, porque entonces sería un patchwork, una antología de grafismos, y si es demasiado uniforme, es un tejido muerto. Tiene que haber un balance entre la diversidad y la organicidad del asunto.





¿Hay alguna característica saliente que veas en tu obra?


En mi caso, lo saliente es el hecho de que en mis trabajos no se puede encontrar un punto defectuoso ni un punto virtuoso. Son más bien cuadros «fenoménicos». Puede quizás verse que, en la superficie del cuadro, algunas zonas hacen más o menos ruido con relación a otras. A mí me interesa esa incomodidad. Ni la organicidad ni la coherencia tienen por qué ser la entrada principal al cuadro. También tiene que proponerse una dificultad, una situación conflictiva, una entrada a través de cierta incomodidad.


¿Para vos hay algo de terapéutico en tu trabajo? ¿O te genera angustia? Me interesa saber qué sensaciones te provoca…


Se da todo al mismo tiempo. No es terapéutico, porque no es catártico. Yo tengo una relación de apego y de distancia simultáneamente. Nunca me ha pasado que mi energía haya cambiado tanto al dibujar como para considerarla terapéutica. Uno es más bien haragán, cuando llegás al taller te cuesta arrancar. Aunque si uno lo piensa, el arte es una situación bastante hedonista; pero, de todos modos, la máquina no quiere trabajar, tenés que forzar el arranque. Cuando arrancás, la misma máquina te va llevando y al cabo de unos minutos estás metido en un caudal de energía que antes no existía.

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